La moda vista desde los ojos de una diseñadora y una artista plástica. El éxito de Rosario de Armenteras, la modista que se siente realizada cuando le preguntan por la bonita ropa que lleva puesta.  

Escribe: Hans Alejandro Herrera Núñez

Que dos mujeres coincidan en un evento con el mismo vestido, es un desastre. Pero que en dos portadas diferentes de dos revistas dos figuras de la farándula usen el mismo vestido rojo, significa algo más. Vestir un Rosario de Armenteras es más que vestir ropa, es un símbolo que se ha establecido desde hace 30 años, y que involucran no solo apariencia o status, sino también el sentirse bien, la salud e incluso algo próximo a la felicidad.

FLORENCIA

Todo empezó vistiendo a sus muñecas. De niña, Rosario tomaba telas de raso y diseñaba sus propios vestidos para sus Barbies, luego diseños para sus zapatos. Y cuando la adolescencia llegó a su vida coincidió con la última dictadura militar y su rígido plomo escolar. Entonces hizo su primer desfile de modas, cuando en quinto de media quedó maravillada de su primera visita a una diseñadora de boutique. Para cuándo acabó el colegio había solo un problema, no había academias que enseñaran sobre diseño de moda. Así que no quedó otra que ahorrar y viajar.

En Florencia, Rosario no conocía a nadie. Los días allí se los pasaba trabajando de mesera mientras estudiaba, viviendo en un piso lleno de  chicas. Yo solita me compré mi pasaje y me largue. Tener 21 años y vivir sola. Maravilloso. Yo vengo de una familia de seis hermanos. Allá yo no sabía ni dónde iba a dormir. Fue una aventura. Me fui donde una amiga. Y apenas llegué busqué y encontré trabajo, de mesera, y de ahí sufrir, trabajar para pagar la renta y luego estudiar. No era ninguna pituca a la que mandaron sus padres .

En un piso de 80m² de un edificio viejo en el casco antiguo de la ciudad más fina de Italia. La vida era cara. Y cada día se acercaba a su sueño. Sin embargo algo faltaba. 

Concentrada solo en el estudio la vida romántica de Rosario parecía inexistente hasta que conoció a alguien. Pero seguía faltando algo. Se regresó a Perú.

EL HOLANDÉS, LIMA Y UN SUEÑO

Y de estar tres años pobre en Italia conozco y me enamoro de un holandés. Seis meses. Me propuso matrimonio a la semana y yo le decía que no, al mes insistía y yo decía que todavía, y a los tres meses me convenció. Si hasta me compró el vestido de novia en París. Me impresionó con sus presentes, pero cuando regresé a Perú me di cuenta que no me interesaba la plata, que yo quería ser diseñadora y estar con mis amigos. Rosario vuelve a Perú para casarse. Y al mes me di cuenta que no era el hombre de mi vida. Entonces Jack Abuggatas me contacta y me dice que están organizando un desfile y yo digo, ahí voy. Y al novio no le gustó. Tu no vas a trabajar, vas a ser una princesa. Era la idea del holandés. Y yo que venía de estudiar no quería eso, quería ser una diseñadora de modas. Le decía primero el desfile y después me caso. Mientras el holandés quería que terminado el desfile se fuese con él a Europa al día siguiente. Además no quería que ningún amigo me visite, le daban celos hasta mis amigos gay. Y las bombas en Tarata, él salió corriendo diciendo: Yo no vivo acá. Pero yo amo a mi país, el Perú me encanta y me molestó que hable mal de mi país. Yo ya estaba acostumbrada a las bombas. Cuando me fui a Italia ya había terrorismo y cuando volvía había más, pero estábamos acostumbrados a vivir sin luz, sin agua, bombas todos los días, toques de queda, no había cines, no había malls. Después de varios años de estar sola, estudiar, trabajar y que venga un hombre que me controle… Y rompí mi compromiso. Dejé todas mis cosas allá porque ni fui a recogerlas. Y aquí me hice amiga de todos los diseñadores. Toty, la hermana de Rosario añade como el holandés deprimido reprochaba al padre de Rosario: Yo que todo he hecho por tu hija. Hasta me he divorciado, y hasta he estado dispuesto a casarme por religioso, yo que soy ateo. Hasta al catolicismo me he convertido.

Rosario tenía claro su camino. Cuando regresé yo me quería quedar acá, me sentía muy a gusto, y creo que lo que hizo que me quede fue mi primer desfile de modas, que tuviese acogida de la prensa, y me empezaron a contratar. Universal textil me llamó. Tenía harto trabajo de diseñadora, cosa que en Italia también tenía, pero acá me empezaron a llamar para todos los desfiles que se iban a dar y decidí quedarme, porque de ir a trabajar de cualquier cosa a Italia a ser acá la diseñadora, esto último era mucho más atractivo para mi. Así que me dije, me quedo acá en Perú que me reconocen. Además estaba está generación de diseñadores, éramos un bloque, éramos íntimos. Y de desfile en desfile me quedé en Lima. Fue la mejor decisión que pude hacer. En Italia podría haber sido diseñadora en una fábrica, pero de repente ni me hacía conocida, porque allá no tenía contactos, en cambio aquí tenía amigos y un nombre. 

Bocetos.

SI EL CORTE NO ESTÁ BIEN HECHO HAY QUE VOLVER HACER

El trabajo de Rosario es una profesión exigente, de perseverancia y a veces con rasgos de psicología. Rosario no solo viste, asesora, escucha a sus clientes, algunas veces puede que tenga que soportar más de una histeria de una cliente demás exigente. Una boda, una presentación, un evento son más significativos a ojos de las mujeres de lo que los hombres pudiéramos sospechar. En su sala de espera, entre colgadores y percheros, un probador, espejos y muebles antiguos las clientas de Rosario le cuentan sus vidas, y le van explicando que si son madrinas, que si el evento es de noche, que si van asistir 500 personas, que sí le falló el catering, que si le falta la peluquera o al preguntarle por un tipo de zapatos o qué apreciación tiene de tal maquillaje o que arete ponerse. Todos estos que parecen asuntos triviales podrían significar cerrar un gran negocio y lo más importante evitar a toda costa coincidir en apariencia con otra. El negocio de la ropa es el estresante negocio de la identidad y la diferencia, y hay que encontrar soluciones, hay que operativizar. Entonces yo muy atenta llamo a mis amigos joyeros. Tengo un vestido fucsia, le tomo una foto. Hazme un arete para este. También tengo amigos maquilladores, peluqueros y les digo a mis clientas. ¿Necesitas peluquero? Que te hagan la muestra acá. Le hacen la muestra y se van felices. 

Rosario va midiéndoles el cuerpo desde la mirada, sacando cuentas de que color le favorecerá y qué tipo de vestido. Esto que parece fácil leer es un reto a las costumbres del vestir de la cliente, a sus inseguridades ante formas nuevas y a gestionar la preocupación en torno a un evento importante. Pero hay un toque de intuición, Rosario adivina los colores no solo que dan con la clienta sino que le son significativos. Le digo a una clienta, yo te haría un vestido de Gaza y de puntas, y ella me contesta sin apenas media hora de conocernos, me encanta la Gaza y de puntas. Y ahí se da la conexión. Es como un sexto sentido para adivinar lo que ellas quieren. Muchas no tienen idea de lo que pueden querer, entonces las miro bien y hago el dibujo artístico y les encanta. Es justo lo que quería me dicen. Es cuestión de caer en los ojos correctos. En lo que nos tomamos un café, ya le dibujé, ya le coticé, ya le enseñé la tela y ya se fue. Todo en 40 minutos. Si están apuradas en 10 minutos ya tengo hasta las medidas tomadas. 

En un evento no pueden coincidir dos vestidos iguales. En una oportunidad Rosario evitó un desastre cuando se enteró a tiempo que dos personas iban al mismo evento pero con dos vestidos muy parecidos. Felizmente ella se encargó de agarrar el vestido de la tragedia que estaba por llevarse una clienta y desaparecerlo ofreciéndole otro. Rosario es despierta, se preocupa por sus clientes, porque los entiende y sabe lo que quieren y lucha porque lo tengan. Profesionales así son raros de encontrar. Algo muy parecido pero al revés paso con otro vestido de Rosario de Armenteras. Un vestido rojo que fue dos veces portada de dos rubias de la pantalla. Viviana Rivasplata apareció con el vestido y contra todo pronóstico a los pocos días Gisela Valcárcel quiso el mismo vestido para otra portada. Una cuestión de ponerse la misma piel del marido. Las mujeres entenderán. 

Porque lo que parece frivolidad siempre es algo mucho más serio.

Rosario de Armenteras y Paola Denegri.

PASO DE PASARELA

La rutina de trabajo de Rosario desde que empezó iba del taller al desfile de moda, luego a la clientela, otro desfile de moda, programa de televisión, vestir a las conductoras de todos los canales porque estás en la palestra, y en un mes otro desfile. Y me fui quedando. Y ese es mi mundo. Como era soltera podía hacer lo que quisiera. Mis amigos que ya iban haciendo familia o no les alcanzaba el negocio fueron diciéndole, esto no da plata, chau al diseño de moda. Ellos se iban quedando y yo continuaba. Y Jack Abuggatas, Sergio Álvarez, Pepe Corza y yo fuimos los que quedamos hasta el final. 

A mediados de los 90s Rosario estaba en Utilísima con un espacio de moda. En el 93 hacia el primer desfile con topples. Mientras las portadas de revistas de moda se llenaban con modelos, presentadoras de TV, actrices y primeras damas que vestían un Rosario de Armenteras. Entretanto Rosario hacía también de profesora de alta costura y de historia de la moda, así como asesora en el vestir para altas directivas y más de una primera dama.

Los nuevos diseñadores empiezan, pasan dos, tres años y se cansan y lo dejan. Y lo peor es que algunos hacen nombre y lo abandonan porque lo ven difícil, y no ven que da el negocio. No es negocio, es pasión. Ahorita lo que me está resultando es hacer eventos. Y precisamente en este giro de tuerca que recuerda a sus inicios es donde Rosario ha regresado después de un año y medio de inactividad laboral por la pandemia. Desde 2020 todo el circuito de moda se vino abajo, pero Rosario ha empezado a reactivarlo organizando las primeras ferias de moda en Miraflores con gran éxito. No solo ha traído de regreso a las modelos de pasarela, sino también todo un ecosistema económico dónde confluyen maquilladores, peluqueros, prensa, fotógrafos, nuevos y viejos diseñadores, producción, operarios, etcétera. Porque Rosario no solo organiza, también estructura y operativiza, y a su paso firme la moda vuelve a andar.

Tengo seis empleadas, ellas dependen de mí y continuamos. Después de un año y medio que estuvimos paradas. Son como una familia, trabajan conmigo desde hace veinte años, he visto crecer a sus hijos. Y aquí seguimos. Tengo mis novias, me divierto, y lo único que me podría poner de mal humor es una costura mal hecha.

Antes de la confección.

BONUS TRACK 

DIÁLOGO ENTRE ALTA COSTURA Y ARTES PLÁSTICAS

La artista plástica Paola Denegri también conversó con Rosario. Ambas coinciden en sus viajes de iniciación vocacional a Europa a principios de 1990 y ambas regresaron al país cuando todavía olían las calles a anfo y vela derretida. 

¿Qué tienen en común una diseñadora de alta costura y una artista plástica? 

Paola: La búsqueda de la estética. 

Rosario: Y la diferencia.

Paola: Yo siento que necesitas buen material y la búsqueda. Yo no concibo sin un buen material, porque sino no se hace el cuerpo.

Rosario: Es un placer trabajar con buen material.

¿Y que es el sello de un autor?

Rosario: Tu estilo. Mi estilo es como esculturas, piezas únicas, recargadas, pero siempre monocromáticas. Me gusta un solo tono y le meto de todo. Me encantan las pedrerías, ya sea con grecas, con cintas. 

Paola: Para mí es la composición, la paleta de colores, la composición y los materiales. Yo tiendo al papel y no sé por qué, me molesta porque no dura en el tiempo.

Rosario: En cambio la tela, la buena tela dura. 

Paola: Imagino que tú ideal de cuerpo para tus vestidos han de ser mujeres jóvenes, altas y delgadas.

Rosario: La mayoría que viste mi ropa no tiene el cuerpo de una modelo, si fueran como Paola sería facilísimo. En cambio hay que sacar el cuerpo, hay que poner barbas, poner el corte hasta acá… o si está gordita poner la pieza más ancha. Hay tips. Para una mujer que no es alta no hay que hacer dos colores, porque te achica más. Si haces pantalón palazzo un buen taco, que no se le vea el zapato. Y si no tiene un cuello largo no le vas a poner un cuello Jorge Chávez, sino un cuello V. Y así mil cosas. Para sacar cintura, sacar barba, entalle. Saco pompis, saco caderas, porque mis vestidos están pensados para momentos especiales y ese día, ellas quieren verse especiales. Y así se quedan felices. Pero son pruebas de pruebas. No puedes diseñar lo que a ti te gusta, sino lo que te queda a ti. 

¿Cuál es el significado del vestir?

Rosario: La ropa que llevamos puesta nos acompaña en todo momento. Hay ropa de día, de almuerzo, de cóctel, de noche, para el diario.  Ahora la moda ha cambiado, la ropa es cómoda. En una palabra, la pandemia ha transformado la moda en comodidad. Antes hacía ropa de noche, para eventos, matrimonios. Ahora con la pandemia la ropa es estar cómoda. He hecho mi colección de buzos, estoy feliz con mis buzos.  

Paola: Además está el impacto de la ropa en el comportamiento. Lo peor de si te pones algo feo es que te acostumbras. Una vez que tienes feo, se queda allí. Por ejemplo con Lima, ya nos acostumbramos a tenerla fea. Y las consecuencias con ello es que te deprimes. La moda trata de construir el mundo y cómo te sientes. Es un tema de salud y también de educación.

¿Podríamos decir que la ropa como una rama dentro del arte podría mejorar la vida de las personas?

Rosario: Sí, porque como te ven, te tratan. 

¿Cuál es el significado de la belleza en el vestir?

Paola: Para mí es alegría. Si me visto bien y veo cosas lindas como estás, yo me siento bien. Es alegría. Cuando estoy triste no me visto bien. Un primer síntoma de depresión puede ser no vestirse bien. El no dar importancia a su apariencia. Puede que esté triste, pero cuando hago ejercicio y me visto bien ya me siento mejor, luego salgo y veo cosas lindas. La visión me da alegrías. 

Rosario: A mí me encanta que me miren hombres y mujeres, porque me encanta que volteen a ver mi ropa, y lo que más me encanta es cuando en una reunión o una boda alguien se acerca y me dice: qué bonito ¿Dónde lo has comprado? Y no saben que soy diseñadora. Y eso pasa mucho, y no solo en Perú sino en el extranjero también, me paran en la calle y me dicen: que lindo tu saco, ¿Dónde te lo has comprado? En ese momento me siento realizada. Y normalmente si me gusta que me miren.