Escribe: Hans Herrera Núñez

Escritor, consultor editorial periodista cultural

“Alista tus maletas, nos vamos a vivir a Lima”, fueron las escuetas y estrictas palabras de mi padre. Despertar viendo los tristes cielos oscuros de Lima, fue casi deprimente, a lo lejos se divisaba el legendario Parque Kennedy que en aquellas épocas estaba muy oscuro, la apariencia de aquel parque era oscura y escalofriante, parecía un bosque sin vida con árboles moribundos y sin podar. Todos los días, las noticias eran alarmantes, con suerte había agua y con demasiada bendición, luz, sin embargo muy pronto se me hizo costumbre escuchar los estentóreos ruidos de atentados terroristas. Fue mejor que la oscuridad imperara”. ZULLY PINCHI.

Chimbote, crónicas de una bahía. Zully es un caso extraño. Dice tener 40 años pero parece de 30. Es escritora, industrial pesquera, ha incursionado en política, y por si fuera poco se mechó a mano limpia con ese Goliath que es el sistema judicial, y lo más sorprendente, alcanzó la justicia. Zully es un caso extraño.

Aquí un breve vistazo a la escritora política, para quien ganar es la única real opción en Perú, un país sin lugar para los débiles.

CHIMBOTE, COMO LIMÓN Y VAINILLA.

Los primeros recuerdos de Zully se remontan al recóndito Chimbote. Recuerdo el aroma fresco.

Todo el mundo me decía o me dice que Chimbote apesta por la harina de pescado, pero para mí, mi primer recuerdo es un aroma que yo lo sentía como un perfume de limón y vainilla. Sin embargo, ese olor a harina de pescado del que se quejaba la gente, entendí con los años era el olor peculiar que tiene el puerto pesquero de Chimbote, que en los años 70 y 80 fue uno de los primeros puertos pesqueros en el mundo exportando harina de pescado. Entendía que eso que supuestamente apestaba no era otra cosa que el sinónimo de la producción, de la riqueza y lo más importante: el trabajo. Era el sinónimo de que estábamos avanzando y que teníamos una economía circular de mercado bastante evolutiva y que en términos cuantitativos y cualitativos era muy positivo sentir el olor natural de Chimbote.

Zully creció entre una familia feliz, la menor de tres hermanos con un perro llamado Blacky. Su primer recuerdo político es la candidatura de Alan en el 85 y todo el mundo diciendo voten por él que es guapo, que es del Apra, que es de la estrella y no sé qué.

SIN LUZ Y SIN AGUA

La adolescencia de Zully empezó en carne propia. En 1990 Zully tenía 12 años cuando su familia se muda a Lima, y es aquí donde conoce realmente lo que son los coche bombas, los apagones y que se vaya el agua. Yo vivía en un noveno piso en Miraflores y al regresar del colegio tenía que subir nueve pisos todos los días, porque no había  luz en toda Lima, y otras tantas veces tenía que subir esos nueve pisos cargando bidones de agua porque tampoco había agua. Y todos los días la misma historia. Entonces si en una mañana iba al colegio, a la salida podía tocarle caminar por entre los escombros de Tarata, porque en uno de los edificios de allí vivían los amigos de mis padres. Entonces Lima ya era Sarajevo.

Conocer Lima, la gran ciudad monstruo, en pleno auge de la época del terrorismo fue algo especial para los que lo vivimos. Lima estaba llena de delincuentes además de los atentados. Mi vida se volvió una burbuja, de la casa al colegio, del colegio a la casa, pero la libertad de cruzar a Pardo ya daba miedo. El parque Kennedy entonces era todo oscuro, feo, sucio y lleno de ratas. A diferencia de Chimbote, en Lima no había la libertad para moverse, entonces qué hace una adolescente que no puede salir, pues se pone a leer.

DE LA HARVARDTIN A MADRID.

En el año 2000 la dictadura cae, es la época más efervescente de los universitarios y Zully está en la Harvardtin. Es el apogeo de movimiento universitario. Y en esa época uno de los personajes más controvertidos que llevo a la caída de la dictadura de la corrupción era Matilde Pinchi Pinchi, y todo el mundo me preguntaba en la universidad o en la calle, ¿Tu eres algo de Pinchi Pinchi? Y yo decía pues no, pero me habría gustado que si, porque que escrotos de la señora para hacer lo que hizo.

Después de un episodio de violencia machista que fue muy mediatizado, pero más allá del apoyo moral poco apoyado (literalmente lo enfrentó sola y sola lo ganó), Zully empezó a rehacer su vida. En este punto empezó a escribir profesionalmente. De esos años es su participación en las antologías españolas como Imposible no comerse el volcán de los amores canallas (Madrid 2019, dónde fue la única latina antologada), De las sogas de la felicidad el amor por ejemplo para no vencernos nunca (Madrid 2020) y Un tiempo fuera del tiempo, el baile del infinito (Madrid 2020). Además, desde hace años viene escribiendo crónicas compiladas en 113 crónicas de una pasión.

Si su primera estancia en Madrid fue casada y estudiando política en clases con Mario Vargas Llosa. La segunda estancia ya fue separada y comiendo arroz con lo que sea. Una vida de escritora.

HIENAS EN CAMPAÑA

Después de su separación Zully incursionó en la política, de ese reciente período extrae unas reflexiones. Creo que muchos partidos políticos en Perú se están construyendo por lucro y negocio mas no por misión política. Y de manera ilegal, porque no está establecido en la ley electoral, piden cupos: “quieres el número 1 dame tanto, el número 2 dame tanto”. Y el pedir esos cupos va en contra de lo que la ley electoral promueve, que tú tienes que hacer que tu candidato este en la franja electoral, que tu candidato participe con un buen marketing.

Porque si tú quieres hacer de la política un negocio, que sea tu Navidad en abril, de qué país o de qué cosas estamos hablando. Eso me parece a mí indignante y delictivo, porque por ejemplo pueden haber campañas en que el presidente del partido pide plata a todo el mundo, pero no le da al candidato presidencial.

Entonces el pobre candidato presidencial entra en la campaña sacando de sus propias arcas, y si de sus arcas no tiene nada ahorrado, pobrecito va quedar en ridículo con el 1%. Al final no se va a utilizar el recurso como debe ser para un buen canal de marketing, y qué se va a lograr: el fracaso rotundo, pero al presidente del partido no le interesa, ha hecho su negocio redondo.

Pero Zully no es una mujer de fracaso. A pesar de su anterior experiencia, ella insiste. Castillo, peor no se puede estar Creo que los peruanos estaban hartos, pero hartos de la corrupción política. Los peruanos escuchan la palabra política y es como si escucharán un desagüe con ratas, ya ese es el sinónimo, la política está completamente desprestigiada. Los peruanos están hartos de los políticos de siempre, de los rateros de siempre.

Entonces quieren escuchar nuevas alternativas, quieren darle la contra a las dinastías políticas. Además, la gente no fue a votar, tenían miedo de enfermarse, la gente no le interesa participar en la política y por supuesto estábamos en una crisis sanitaria dónde le dan más prioridad a sus vidas que a la política, entonces con los votos en blanco y nulos ya sabemos a quienes favoreces. Resultado, tenemos un círculo de cosas reunido en lo que en mi opinión es el peor de los gobiernos.

Una novela política. Vencer a Goliath Yo siempre voy a querer escribir una novela en ficción y que me encantaría escribir, quizás mi experiencia en la política, obviamente con personajes en ficción, a modo de fábula, pero con mucha, mucha realidad diría yo, bastante. Que cómo percibirá una novela política actualmente, no se, quizá. Quizás Hienas en campaña. Porque cuando tú eres nuevo en política la gente te hace mucho daño. La violencia, la maldad es muchas veces más endógena que exógena. No te puedo contar, pero terrible, terrible, terrible es. Pero hay que ser fuerte porque en el mundo de la política no hay lugar para los débiles. Tus llantos, tus tristezas te las guardas para ti. Sin embargo, la política es apasionante y la literatura es un refugio, yo no veo en la política un refugio mientras que si es apasionante cuando buscas generar cambios en tu país, cuando vives 5 años en Europa y deseas de viejita ver qué así es mi Perú, y ver qué algo si se ha hecho, en lugar de irme del mundo sin haberlo intentado.

Por otro lado cuando entras en política hay gente que trata de ningunear, subestimar a las personas que nunca han estado y a las personas que no obtuvieron los votos que esperaban los demás que los tengas, porque en política tienes que entender que cuando te presentas al congreso no es el rechazo que sienten hacia tu persona sino hacia el partido político o el candidato presidencial, no es a ti. Y hay muchas personas que no lo entienden así y te preguntan ¿Y a quien has ganado? Yo le he ganado a mi verdugo, yo le he ganado a mi Goliath. Ganarle a quien cercenó tu amor propio y autoestima durante tantos años es más importante que ganar una curul en el congreso, y eso es una gran victoria, porque imagínate tener que abrir tu corazón, ir a una comisaría, contarlo, denunciarlo, seguir un proceso de 5 larguísimos años y obtener justicia es lo más valioso, porque sin ninguna presencia en la política logras mucho y ayudas mucho.

Eso es un mérito que habla mucho de la fortaleza interior de Zully quien en cualquier momento pudo desistir, arrepentirse o irse corriendo y aun así no claudicó, seguir y seguir por algo que no tiene precio y que es su dignidad y honorabilidad. La suya no solo es la victoria a su verdugo sino también al Goliath del sistema judicial, de 5 años de querer tirar la toalla y no hacerlo, de querer salir huyendo como un cobarde, pero entender que tienes que quedarte y enfrentar las cosas. Si Zully es así en la vida privada, ¿cómo sería tenerla enfrentándose a lo público?

La legitimidad del Estado que los políticos debieran recordar. Si consigues justicia puedes creer en tu país.

En 2009 Zully fue la primera mujer en la historia judicial del Perú en enviar a la cárcel a su agresor por violencia machista. Fueron 5 años en los tribunales. Recién cuando gane el juicio le pude creer a mi país, creí que si existía la justicia pese a que soy abogada y por todo lo que había oído de la corrupción judicial, pero ganar significó que le creí al país, le creí a la justicia y hasta le creí al sistema político y le creí a lo más importante que sentí, que pude ser reivindicada.

Y acaso ¿Esa no es la razón que justifica el sueño    de la República?